Ríete como un niño

Existen pocas cosas en el mundo más contagiosas que la risa de un bebé. Porque ver reír a un bebé es risa instantánea, es algo inevitable. Y qué risa. Lo que no sabíamos hasta ahora era la importancia que tiene para el desarrollo de la habilidad de interactuar con los demás.

El ser humano es el único primate que sonríe a sus padres. La sonrisa es una característica humana que dura toda la vida. Sonreír es innato. La risa libera endorfinas al flujo sanguíneo y actúa como analgésico natural.

Sin embargo, a medida que crece el niño, tiende a reír menos y eso es algo que deberíamos evitar. Imitadores por naturaleza, ver reír a alguien de su entorno satisface más al niño que si jugase, comiese o durmiese. Ahí reside la importancia de este acto.

Los niños cuyos padres se ríen a menudo se muestran más orgullosos de ellos ante sus amigos que los hijos de padres que se muestran malhumorados, en cuyo caso tienden a esconderlos. Unos padres alegres proporcionan seguridad al niño, ya que la risa fortalece a los débiles.

Y qué verdad es lo bien que sienta una buena risa. En ese momento, te olvidas de todo, la felicidad de ese instante es lo único que importa. Te empiezas a animar. Las situaciones críticas parecen más llevaderas y nuestro espíritu se refuerza. Y nuestro cuerpo agradece esa risa: reducimos el estrés y activamos las defensas que desencadenan procesos bioquímicos muy beneficiosos para nuestro cuerpo.

Los niños ríen más que los adultos. Mucho más. Un niño puede reírse hasta 400 veces al día, con una media de 300. El adulto más alegre no supera las 100 veces al día, y la media está en 25. ¿Qué pasó? Es como si viniéramos al mundo llenos de millones de risas y sonrisas y las fuéramos gastando poco a poco conforme vamos viviendo. Alimentamos el cerebro con cultura, estudio, libros, viajes, música; cuidamos el cuerpo con ejercicio físico, gimnasio, yoga… y aún así reímos 12 veces menos que un niño, analfabeto de profesión.

Reír es un excitante físico y psicológico placentero lleno de propiedades terapéuticas. Y por cierto, gratis. Freud describió el humor como “el más elevado de los mecanismos de defensa”. Visto así, a partir del momento de que estamos vivos, estamos en guerra para ser felices. No perdamos nunca esta guerra.

Y tú, ¿cuándo dejaste de sonreír?

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